Deportes

Terry Fox, el atleta que recorrió el mundo con una sola pierna

El mundo del deporte está lleno de anécdotas e historias que marcaron un antes y un después. Hazañas que van más allá del ámbito deportivo y que por mucho que pasen los años siempre valdrá la pena revivirlas otra vez. Una de esas historias que jamás pasarán de moda es la protagonizada por Terry Fox, un ex deportista canadiense que dedicó su corta vida a hacer de este mundo un lugar mejor.

Pese a que perdió una pierna a los 18 años y falleció a los 22 por culpa del cáncer, aprovechó su breve paso por este planeta para ser un verdadero ejemplo de superación. Él nunca dejó de luchar por hacer realidad sus sueños y por ayudar a los demás también a cumplir los suyos. Su historia es la de un gran campeón.

Terrance Stanley Fox nació el 28 de julio de 1958 en Winnipeg, Canadá. Sus padres fueron Rolland Fox y Betty Fox. Terry fue el segundo de cuatro hermanos: Fred (el mayor), Darrell y Judith (la única mujer). Según revelan sus padres, Terry era extremadamente competitivo y odiaba tanto perder que perseveraba hasta tener éxito en cualquier actividad en la que no hubiera obtenido inicialmente el resultado esperado.

De niño, fue un atleta entusiasta; jugaba fútbol, rugby y béisbol. Pero, su pasión era el baloncesto. Cuando estaba en octavo grado, aunque sólo medía metro y medio de altura y no era un buen jugador, quiso formar su propio equipo escolar. Sin embargo, su maestro de educación física y entrenador de baloncesto en la Mary Hill Junior High School le recomendó que se dedicara a las carreras de fondo. Aunque el joven no estaba interesado en el atletismo, aceptó hacerlo.

INFANCIA DE TERRY FOX

Aun así, él seguía empeñado en jugar baloncesto incluso aunque en el octavo grado fue el último suplente de su equipo, lo que le llevó a dedicar el siguiente verano a entrenar para mejorar su juego. En el noveno grado consiguió convertirse en jugador regular del equipo, para pasar a ser integrante del quinteto titular durante el grado siguiente. En el duodécimo grado, junto con su mejor amigo Douglas Alward, recibió el premio de “atleta del año” de su escuela secundaria.

Terminada la secundaria, Fox no tenía claro si quería ir a la universidad. Fue su madre la que le persuadió de que se matriculara en la Universidad Simon Fraser, donde estudió quinesiología para luego poder convertirse en profesor de educación física. Una vez matriculado hizo una prueba para formar parte del equipo universitario junior de baloncesto y sobresalió gracias a su determinación, incluso frente a jugadores con más talento que él.

Pero su vida cambió totalmente el 12 de noviembre de 1976. Mientras conducía de vuelta a su casa en Port Coquitlam, Fox se distrajo al mirar un puente en construcción y chocó contra la parte trasera de una camioneta. Aunque su automóvil quedó inservible, solamente sufrió una herida en la rodilla derecha. Al mes siguiente volvió a sentir dolor, pero no quiso prestar atención al asunto hasta que no terminara la temporada de baloncesto.

Pasó el tiempo y en marzo del año siguiente, cuando el dolor se había intensificado, acudió finalmente al Royal Columbian Hospital, donde le diagnosticaron osteosarcoma, una variante de cáncer que surge normalmente cerca de las rodillas. El tratamiento que le prescribieron era agresivo: para detener el avance de la enfermedad habría que amputarle la pierna 15 centímetros por encima de la rodilla, y después someterle a un largo tratamiento de quimioterapia.

AMPUTACIÓN DE LA PIERNA

La cirugía tuvo lugar el 9 de marzo de 1977. Con ayuda de una pierna artificial provisional, Fox pudo caminar a las tres semanas de la amputación. Otras tres semanas después fue capaz incluso de jugar al pitch and putt con su padre. Los médicos estaban impresionados por la actitud positiva del joven, y coincidieron en que eso había contribuido a su rápida recuperación.

Tras la operación se sometió durante 16 meses a quimioterapia en la British Columbia Cancer Control Agency de Vancouver, período que el propio Terry describió como «difícil» ya que veía como otros pacientes con cáncer sufrían y morían a causa de la enfermedad.

Cuando terminó el tratamiento, Rick Hansen, que trabajaba con la Asociación de Deportes en Silla de Ruedas de Canadá, lo invitó a incorporarse a su equipo de baloncesto en silla de ruedas. Fox no tardó mucho tiempo en aprender a jugar esa variante de baloncesto y ganó tres campeonatos nacionales con su equipo. Además, la Asociación de Baloncesto en Silla de Ruedas de América del Norte lo nombró all-star en 1980.

Pero antes de brillar en el baloncesto, más precisamente la noche previa a la cirugía, Terry Fox leyó un artículo sobre Dick Traum, el primer amputado en completar el Maratón de Nueva York, en 1976. El texto lo motivó de tal forma que comenzó un programa de entrenamiento que duraría 14 meses, diciéndole a su familia que él mismo pensaba competir en un maratón. Aunque en realidad, había ideado un plan más ambicioso.

Durante su experiencia hospitalaria el poco dinero que se destinaba a la investigación contra el cáncer le había causado un profundo malestar, por lo que planeó correr a lo largo de todo Canadá, con la esperanza de aumentar la conciencia social sobre el cáncer.

EL MARATÓN DE LA ESPERANZA

Su protésico le construyó una prótesis especial. Por ejemplo, se reemplazó una válvula metálica por otra de acero inoxidable para impedir que se oxidara con el sudor del corredor. A pesar de las modificaciones, el resultado era inusual ya que tenía que saltar dos veces sobre su pierna izquierda por cada paso que daba con la pierna artificial (la derecha), ya que ésta necesitaba un tiempo extra para volver a su posición inicial tras cada paso.

El entrenamiento le resultaba penoso porque la presión adicional que ejercía, tanto en su pierna izquierda como en su muñón, le provocaba hematomas, ampollas y un dolor intenso. También se dio cuenta de que después de aproximadamente 20 minutos de carrera traspasaba el umbral del dolor y podía continuar la carrera más cómodamente.

En agosto de 1979, acompañado por su amigo Doug, compitió en un maratón en Prince George. Terminó en último lugar, 10 minutos por detrás de su competidor más cercano, pero su esfuerzo mereció los aplausos y lágrimas de los demás participantes. Tras el maratón, reveló que, en principio, esperaba recaudar un millón de dólares canadienses, luego 10 millones y al final estaba seguro de que lograría el equivalente a un dólar por cada uno de los 24 millones de habitantes de Canadá en esa época.

El 15 de octubre de 1979, Terry Fox envió una carta a la Sociedad Canadiense contra el Cáncer en la que anunciaba su objetivo y solicitaba financiamiento. Prometió que completaría la carrera, incluso aunque tuviera que «arrastrarse cada una de las millas». Para explicar la razón por la que quería recaudar dinero para la investigación, describió su experiencia personal en el tratamiento del cáncer.

TRATAMIENTO DE TERRY FOX

«En los 16 meses durante los cuales me sometí a la terrible experiencia de la quimioterapia, física y emocionalmente agotadora, contemplé rostros que exhibían sonrisas valientes y otros que habían renunciado a sonreír. Mi misión no sería egoísta. No podía irme de ahí sabiendo que esos rostros y sentimientos seguirían existiendo, aun cuando yo estuviera libre de mi cáncer. Necesitamos vuestra ayuda. Las personas que se encuentran en las clínicas para el cáncer en todo el mundo necesitan gente que crea en los milagros. No soy un soñador, y no digo que con esto promoveré algún tipo de cura definitiva para el cáncer. Pero creo en los milagros. Tengo que hacerlo».

La Sociedad contra el Cáncer se mostró escéptica con su compromiso, pero aceptó apoyarlo una vez que consiguiera patrocinadores, y le pidió que obtuviera un certificado médico de un cardiólogo que confirmara que estaba en las condiciones físicas necesarias para poder intentar la carrera.

Se realizó las pruebas y le diagnosticaron hipertrofia ventricular izquierda, una dolencia asociada comúnmente con los atletas. Si bien los médicos le advirtieron de los riesgos potenciales a los que se enfrentaba, no consideraron que su estado fuese un problema significativo.

Fox envió cartas a varias empresas pidiendo donaciones para un vehículo y calzado deportivo, así como para cubrir otros gastos relacionados con el Maratón. Ford donó una autocaravana, Imperial Oil aportó el combustible, y finalmente Adidas le proporcionó el calzado. Terry rechazó a las empresas que solicitaban que avalara sus productos y rehusó recibir donaciones con condicionantes ya que insistía en que nadie debía obtener ganancias por su carrera.

El Maratón comenzó el 12 de abril de 1980 cuando Fox mojó su pierna protésica en el Océano Atlántico, cerca de San Juan, en Terranova.

DURACIÓN DEL MARATÓN

También llenó dos botellas grandes con agua del mar con la intención de guardar una como recuerdo y verter el contenido de la otra en el Océano Pacífico al completar su recorrido en Victoria, Columbia Británica. Su amigo Doug lo apoyó en su misión, encargándose de conducir la autocaravana y de preparar las comidas.

Fox comenzaba su carrera todos los días antes del amanecer, equipado con un pantalón corto y una camiseta. Durante todo el maratón, empezaba a correr a las 5 de la mañana; corría 2 millas y hacía una pausa para hidratarse; corría otras dos millas y hacía una nueva pausa, continuando de esta forma hasta completar entre 14 y 16 millas. Doug dejaba una señal con un montón de piedras situado junto a la autopista, para comenzar en el mismo punto al día siguiente.

Por las tardes, Terry concedía entrevistas y daba charlas en gimnasios escolares y centros comunitarios. Mientras se dirigía a la gente, un representante de la Sociedad contra el Cáncer recogía los donativos. Doug y Fox, inicialmente, dormían en la autocaravana. Luego, consiguieron dormir en habitaciones de motel que también fueron donadas.

En los primeros días, Fox se enfrentó a temporales de viento, fuertes lluvias, e incluso a una tormenta de nieve. Además, se desalentó un poco al ver la pobre recepción que le daban a su carrera. Esta situación cambió al llegar a Port aux Basques, Terranova, donde los 10 mil habitantes de la ciudad donaron en total 10 mil dólares canadienses. Una cifra que le devolvió la motivación a Terry, razón por la que tuvo pocos días de descanso durante su travesía. Es más, ni siquiera paró el día de su vigésimo segundo cumpleaños.

SEGUNDA LUCHA CONTRA EL CÁNCER

El esfuerzo físico requerido para correr un maratón cada día comenzó a cobrar su precio en el cuerpo de Fox. Con frecuencia sentía dolores en los tobillos, las espinillas y se le inflamaba la rodilla; desarrolló quistes en el muñón y experimentó mareos. El médico le pidió que descansara algunos días o bajase el ritmo, pero Terry se negó.

El 1 de septiembre, en las afueras de Thunder Bay, Terry Fox se vio obligado a detener su marcha poco después de pasar por un ataque intenso de tos, acompañado de fuertes dolores en el pecho. Inmediatamente temió que su trayecto hubiese terminado. Al día siguiente, al borde de las lágrimas, y junto a sus padres, ofreció una conferencia de prensa en la que anunció que su cáncer había vuelto y se había extendido a sus pulmones. Tuvo que abandonar el maratón después de 143 días y 5373 kilómetros recorridos.

Fox volvió a su casa, para comenzar de nuevo el tratamiento. A pesar de que el jugador de hockey sobre hielo Darryl Sittler y su equipo, los Maple Leafs, se ofrecieron a completar la carrera por él, Terry se negó, manifestando que deseaba terminar él mismo el recorrido.

En el momento en que abandonó el maratón había recaudado ya un total de 1,7 millones de dólares canadienses. Una semana después, la cadena televisiva CTV Television Network organizó un teletón para apoyar a Fox y a la Sociedad contra el Cáncer. Con la ayuda de personalidades tanto canadienses como internacionales, el programa, de cinco horas de duración, logró recaudar 10 millones y medio de dólares adicionales. Los donativos siguieron recibiéndose a lo largo del invierno y, para abril del año siguiente, la cantidad ascendía a más de 23 millones de dólares.

MUERTE DE TERRY FOX

Curiosamente, la popularidad de Terry se multiplicó tras su recaída en el cáncer. La admiración de la gente era tal que en 1980 recibió varias distinciones por parte del gobierno de Canadá. Hecho que llevó al prestigio diario Ottawa Citizen a describir la reacción nacional al maratón como «una de las efusiones de emoción y de generosidad más poderosas en la historia de Canadá».

En los meses siguientes, Fox fue sometido a varios tratamientos de quimioterapia, pero el cáncer continuó extendiéndose. A medida que su salud se deterioraba, los canadienses esperaban algún milagro y el mismo papa Juan Pablo II envió un telegrama diciendo que rezaba por su salud.

El 19 de junio de 1981 ingresó de nuevo en el Royal Columbian Hospital, con congestión del pecho, la cual degeneró en neumonía. Entró en coma el domingo 28 de junio y murió a las 4:35 a.m., con su familia a su lado. Según el director del hospital, el doctor Ladislav Antonik, los médicos no trataron de mantenerlo vivo mecánicamente porque decidieron que «Terry debía tener en la muerte la dignidad que tuvo en vida».

El gobierno de Canadá ordenó izar a media asta todas las banderas en el país, un honor sin precedentes usualmente reservado a políticos u hombres de Estado ilustres. Su funeral, al cual asistieron 40 familiares y 200 invitados, fue retransmitido a todo el país. Los canadienses inundaron las oficinas de la Sociedad contra el Cáncer con nuevas donaciones.

Terry Fox continúa siendo uno de los personajes prominentes de la cultura popular canadiense. En una encuesta realizada en el país en 1999, fue elegido el héroe más grande de Canadá. Su condición heroica le ha sido atribuida a su imagen de persona común que intentó una proeza notable y edificante.

HOMENAJES Y LEGADO

Antes de su Maratón de la Esperanza, los enfermos oncológicos no querían que se supiera su condición. Sentían vergüenza. Gracias a la gesta de Terry, todo esto cambió. Él no solo no se avergonzaba de su enfermedad, sino que también se negó a considerarse una persona con discapacidad y no permitía que nadie le mostrara compasión.

Pero el apoyo de Fox a la lucha contra el cáncer no terminó con su muerte. Aún después de fallecer siguió motivando a millones de personas a hacer sus donaciones. Mucho tuvo que ver en eso el empresario Isadore Sharp, quien lideró la creación de la carrera Terry Fox’.

El 13 de septiembre de 1981 organizó, junto con su cadena hotelera y la familia Fox, la primera edición. Más de 300 mil personas participaron y la recaudación total ascendió a 3,5 millones de dólares canadienses. En sus primeras seis ediciones, la carrera recaudó más de 20 millones de dólares canadienses. En 1999 las carreras se internacionalizaron, con la participación de más de un millón de personas en 60 países, gracias a las cuales se recaudaron 15 millones de dólares canadienses solamente ese año.

Para el 25.º aniversario de la creación de la carrera, más de 3 millones de personas se daban cita anualmente. La carrera Terry Fox es el mayor evento de un día en el mundo para recaudar fondos para la investigación contra el cáncer, y hasta 2012 había logrado recaudar 600 millones de dólares canadienses.

Gracias a ello, existe una gran cantidad de monumentos conmemorativos erigidos en Canadá en memoria de Fox o a los que se ha dado su nombre. Entre ellos se incluyen: 32 carreteras y calles, 14 escuelas, 14 edificios, 7 estatuas, 9 senderos de entrenamiento físico y una montaña. Sin olvidar el sinnúmero de libros, canciones y películas que tuvieron su historia como inspiración.

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