La transferencia en el aprendizaje es el fenómeno mediante el cual un aprendizaje realizado de forma significativa tiene una especial incidencia positiva en aprendizajes posteriores del mismo ámbito, facilitando el proceso de adquisición de éstos.

En las habilidades motrices, la transferencia en el aprendizaje se refiere a que la adquisición de un amplio repertorio de habilidades básicas repercutirá posteriormente, de forma positiva, en el aprendizaje de habilidades más complejas y difíciles.

De todas formas no siempre hemos de considerar que esto pueda ocurrir ya que cabe la posibilidad de que la transferencia sea negativa. Se considera una transferencia negativa cuando el aprendizaje o ejecución de una segunda o posterior tarea o habilidad.

Un claro ejemplo de ello sería aquél en el que un alumno ha tenido una experiencia desagradable saltando un plinto como puede ser una caída o accidente y, consecuentemente, este hecho origina dificultades en posteriores aprendizajes relacionados con dicho elemento.

En el caso de que un aprendizaje anterior facilite el nuevo, se dice que la transferencia ha sido positiva; por ejemplo, cuando el individuo que ha aprendido a nadar en agua salada es capaz de nadar en agua dulce, a pesar de que la flotabilidad en ésta sea diferente.

Esta primera visión de la transferencia en el aprendizaje debería hacernos reflexionar en el momento de confeccionar cualquier programa de habilidades básicas para que éstas cumplan dos finalidades.

En primer lugar, hemos de procurar que los aprendizajes realizados en clase tengan una transferencia a la vida real; y, segundo, que en la programación y temporalización de los contenidos se procurará la construcción de nuevos aprendizajes y que éstos se sustenten o construyan sobre los anteriores; es decir, que los primeros deben transferirse a los segundos.

IMPORTANCIA DE LA TRANSFERENCIA EN EL APRENDIZAJE

Una transferencia en el aprendizaje también puede considerarse lateral o vertical. La primera ocurre cuando el individuo es capaz de ejecutar una tarea o habilidad similar y de igual nivel de dificultad, como consecuencia de haber aprendido previamente otra.

Un ejemplo de este tipo de transferencia es cuando el aprendizaje de diferentes formas de girar sobre los ejes corporales facilita el aprendizaje de una rueda o voltereta.

La transferencia de tipo vertical se refiere a cuando los aprendizajes realizados en el pasado tienen una aplicación útil a nuevos aprendizajes, pero de una mayor dificultad o complejidad. Por ejemplo, una persona que ha aprendido a lanzar una pelota de las consideradas multiuso tendrá mayor facilidad para el aprendizaje de lanzamientos con balones de balonmano, básquet, e incluso, para la práctica de alguno de estos deportes.

Son varias las teorías que sustentas los principios de las transferencias en el aprendizaje en general y en el de habilidades en particular.

Thorndike (1913), postula la «teoría de los elementos idénticos». Ésta mantiene que para que suceda un fenómeno de transferencia debe existir elementos idénticos entre la tarea o habilidad original y la de nuevo aprendizaje.

Judd (1908), propone la «teoría de la generalización». Esta insiste que, para que se produzca una transferencia, el individuo debe conocer las reglas o los principios básicos que estructuran la tarea o habilidad aprendida y así poder establecer estrategias en el aprendizaje de otras de nivel o complejidad superior.

La corriente gestaltista defiende la «teoría de la transposición», que se fundamenta en que el conjunto global de relaciones causa-efecto aplicadas en una situación constituye la base de partida en la transferencia a otra situación de aprendizaje.

Todas las finalidades conectan plenamente con algunos de los grandes principios que la actual reforma educativa postula: aprendizajes significativos y constructivos.

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