Siguiendo por la línea de la alimentación y de su importancia en una vida saludable, en esta oportunidad quiero compartir contigo mi opinión respecto a un tema bastante común entre la gente y que cada vez, a raíz de la revolución informativa, toma muchas más fuerza: la velocidad con la que comemos. Cada vez son más las personas a las que les escucho decir que comer rápido engorda y comer lento ayuda a adelgazar. Y aunque en parte tienen razón, teóricamente están muy equivocadas. Déjame explicarte por qué.

En términos directos, la velocidad con la que consumimos nuestros alimentos no tiene nada que ver con la forma de nuestro cuerpo, pues ésta está determinada es por la cantidad y el tipo de comida que ingerimos. En realidad la clave para no estar gordo es consumir menos energía de la que gastamos o gastar más energía de la que consumimos. Sin embargo, de manera indirecta si existe una relación entre el tiempo que nos demoramos comiendo y el tipo de cuerpo que tenemos.

Numerosos estudios han demostrado que comer rápido es una tendencia entre las personas obesas, al tiempo que comer despacio resulta muy habitual entre la gente delgada. La explicación es una sola y tiene que ver con una hormona conocida como la Leptina, que se encarga de emitir la sensación de saciedad a nuestro cerebro. Su activación se genera más o menos entre 20 y 30 minutos después de que comenzamos a comer, lo que quiere decir que las personas que comen rápido no alcanzan a sentirse saciadas y terminan comiendo mucho más que aquellas que se toman su tiempo para saborear cada cucharada.

A raíz de ello, los investigadores del ‘Hospital General Laiko’ de Atenas realizaron un estudio mediante el cual se pretendía averiguar si la velocidad de la alimentación afecta la producción de estas hormonas. Los investigadores concluyeron que comer demasiado rápido disminuye la liberación de estas hormonas. Como consecuencia, la sensación de saciedad tarda en llegar, las personas comen más y como consecuencia suelen engordar. Lo mismo sucede con las personas que comen despacio; la sensación de saciedad llega antes de que terminen de comer, las personas comen menos y como consecuencia suelen estar delgadas.

A partir de estos resultados es posible comprender por qué el ritmo acelerado de la vida de hoy tiene una influencia directa en el exceso de comida consumida, tomando en cuenta que un gran porcentaje de las personas tienen una vida sedentaria, además de agitada, y consumen más alimentos de los que el cuerpo realmente necesita para realizar sus procesos metabólicos. Finalmente, recuerda que por encima de todo, incluso de la velocidad, se trata de comer bien y no de dejar de comer.

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