Los buenos deseos e intenciones no bastan, que quede bien claro. Gran parte de las personas que acuden al gimnasio no llegan a obtener los resultados que un principio esperaban porque nunca llegan a coger un ritmo de asistencia adecuado, porque nunca encuentran una verdadera motivación que los mantenga activos.

Son personas llevadas por los mejores deseos, a lo mejor por alguna promesa de esas que se hacen al empezar un nuevo año. Personas que se mueven por impulsos y que, al poco tiempo, se ven abrumadas por sus tareas diarias o el cansancio y acaban tirando la toalla. La realidad es que les pasa esto porque desde el principio no estaban motivadas realmente o han gestionado mal esa motivación necesaria.

Lo que te estoy diciendo debe pasar a formar parte de tu propia personalidad. Debes creértelo, y no te será difícil, porque si eres consecuente con él verás casi de inmediato que es una verdad como un templo. Y no sólo aplica en el campo del entrenamiento, sino en cualquier reto que afrontas en la vida. Tanto es así, que estoy convencido que una de mis misiones más importantes como entrenador es la de transmitir la motivación correcta a mis clientes.

La motivación es el Motor

Esta es la mayor fuente de energía que conoce el cuerpo humano. Sin ella no hay acción de ningún tipo. Desde el impulso puntual por comprar cualquier objeto que te guste hasta un cambio en tus costumbres más arraigadas, todo cuanto haces en la vida tiene un motivo de ser. Es la gasolina de tu cambio de vida, y si no la encuentras no llegarás ni a la esquina.

En la era de la comunicación, la falta de conocimiento ya no es una barrera para nadie. Todos sabemos, más o menos, lo que debemos hacer para mejorar y tenemos al alcance de nuestra mano cientos de planes de entrenamiento y dietas con tan sólo hacer unos pocos clics en internet. Pero de nada sirve tanto conocimiento a nuestro alcance si no encontramos la motivación para hacerlo realidad.

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Puedes estar muy motivado para sacar el máximo rendimiento a cada sesión de entrenamiento, pero en cuanto pasen unas semanas te asaltarán momentos de flaqueza, bien por pereza, bien porque no aprecies resultados en seguida, bien por alguna enfermedad o por un periodo de mucho trabajo o algún bache emocional. Causas hay tantas como quieras y sería un error tacharlas todas de simples excusas. Pero con una motivación fuerte podrás superarlas. Sin una motivación suficiente, los objetivos se transforman en decepciones, y esto es lo último que queremos.

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