El cuerpo humano es como un electrodoméstico que requiere de energía para poder realizar sus funciones. No importa si está durmiendo, despierto, sentado, parado, activo o en reposo, siempre está demandando una fuente energética que le permita suplir sus necesidades. El entrenamiento tiene dos formas posibles de afrontarse desde el punto de vista cardiorrespiratorio: aeróbico y anaeróbico.

✔ Aeróbico

Es aquel durante el cual no tienes sensación de ahogo porque el ritmo cardíaco es lo suficientemente bajo como para aguantarlo durante un largo rato. Aquí la mayor parte de la energía procede de las grasas. Por ello, si corres de forma aeróbica quemas mayor porcentaje de grasa durante la propia carrera. Eso sí, el ejercicio debe ser prolongado. Este sistema de entrenamiento tiene poca repercusión sobre el propio sistema cardiorrespiratorio, pues, al no forzarlo, éste no requiere una adaptación. Así que este sistema se usa para entrenamientos suaves destinados a eliminar grasa.

✔ Anaeróbico

Aquel en el que la vía de combustión de las grasas es insuficiente por falta de oxígeno y, por tanto, se empieza a obtener energía a partir del glucógeno. Este entrenamiento ayuda a aumentar la capacidad cardiovascular, lo que significa que con él desarrollarás un mejor potencial cardíaco y pulmonar. Éste es el verdadero ejercicio cardiovascular.

En realidad, ambas formas no son excluyentes, pues ningún ejercicio es cien por ciento aeróbico o anaeróbico, sino que todos los movimientos son una mezcla de los dos, inclinándose el porcentaje a uno u otro lado según la intensidad. La diferencia, en todo caso, escriba en saber cuál es la dominante en cada caso.

Si entrenas bien y de forma continuada (aquí no vale eso de «corro hoy diez minutos y dos semanas más tarde ya recuperé con tres horas y media de entrenamiento) notarás que cada vez te cuesta más cansarte, y también notarás que cuando corras suave, es decir, aeróbicamente tu organismo será capaz de quemar más grasas, ya que habrían aumentado tus umbrales, tanto el aeróbico como el anaeróbico. Y como la actividad anaeróbica no permite afrontar sesiones largas continuas porque fatiga demasiado, lo que se hace es trabajar con cambios de ritmo, lo que se conoce como entrenamiento interválico.

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