Dicen que todo en exceso es malo. Que incluso lo bueno en exceso también puede volverse malo. Y un claro ejemplo de ello es la Ortorexia, un término desconocido para muchos, pero que conocen bastante bien todas las personas que tienen una obsesión por la comida sana.

Estamos hablando de aquellos que hacen que su vida gira en torno a la elección de alimentos sin conservantes ni colorantes, productos ecológicos, comida rica en vitaminas… Sin embargo, lo que comen no es necesariamente más sano, ya que no siempre disponen de la información correcta sobre lo qué es más recomendable desde el punto de vista nutricional.

Es más, tienden a tener carencias y a poner en riesgo su salud porque se centran demasiado en unos alimentos en detrimento de otros. Quienes sufren este trastorno de la alimentación, ¿son víctimas del bombardeo de información nutricional o su problema es un reflejo de los problemas personales que arrastran? Probablemente influyen los dos factores.

Así lo corrobora Rocío Rodríguez, una reconocida piscología española. «Esta preocupación excesiva por la comida sana se genera en múltiples ocasiones como una vía de escape emocional con la que la persona puede centrarse en algo tangible para evadirse de otras preocupaciones que se siente incapaz de gestionar», explicó.

El culto a la estética se perfilaría como otro elemento subyacente, tal y como ocurre en otros trastornos alimenticios, como la anorexia y la bulimia. Los psiquiatras y los psicólogos disponen de las herramientas necesarias para detectar este problema. La línea que separa el interés o la preocupación de la obsesión por la comida sana puede ser muy delgada.

La clave está en el daño físico y mental que ocasiona en quienes lo padecen. Aislamiento social, ansiedad, déficit de hierro, vitaminas y otros nutrientes… son algunas de sus consecuencias.

PRINCIPALES SÍNTOMAS DE LA ORTOREXIA

La ortorexia afecta más a las mujeres que a los hombres. Además, los afectados por este trastorno no suelen ser tan jóvenes, ya que mantener una alimentación ortoréxica requiere de un poder adquisitivo que no tienen los adolescentes. La comida bio y eco es, por regla general, significativamente más cara. La edad más típica de inicio se situaría entre los 20 y los 30 años.

La experta recalca que, la ortorexia «no es cuidarse ni intentar comer de forma saludable; es la obsesión, lo patológico. En resumen, es cuando esa obsesión por estar sano empieza a convertirse en insalubre para la salud mental».

Estas serían las principales señales de alerta de que puede existir una relación conflictiva con la comida:

– Dedicar más de tres horas al día a pensar en comer de forma saludable.

– Falta de flexibilidad en la alimentación diaria.

– Sensación de descontrol con la comida.

– Realizar una dieta con demasiadas restricciones de alimentos.

– Preocuparse más por la calidad de los alimentos que por el placer de consumirlos.

– Disminución de la calidad de vida conforme aumenta la pseudocalidad de la alimentación.

– Sentimiento de culpabilidad cuando se incumplen las convicciones dietéticas.

– Planificación excesiva de lo que se comerá al día siguiente.

– Aislamiento social provocado por el tipo de alimentación.

Es habitual que las personas con ortorexia eviten salir a comer fuera y, en general, comer alimentos que no hayan comprado ellas mismas, lo que limita mucho su vida social.

En conclusión, una cosa es que alguien tenga una tendencia mayoritaria a alimentarse de una determinada manera (como es el caso de los vegetarianos y los veganos), motivada por sus valores o creencias; y otra muy distinta que no tenga la flexibilidad suficiente para que eso le permita hacer otras cosas que le apetecen, como participar en eventos sociales.

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